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[CreSer #28] Reconocer y sanar nuestros traumas

havening trauma Sep 23, 2022
Dr. Aldo Civico | Mentalidad de Máximo Desempeño
[CreSer #28] Reconocer y sanar nuestros traumas
13:08
 

Hoy en CreSer hablamos de un tema delicado pero importante; la experiencia del trauma. En este episodio lo hago compartiendo una experiencia personal que nunca he compartido en detalle como lo hago en este episodio. Por qué un trauma del pasado no necesariamente tiene que condicionar nuestro futuro. Y hasta se puede convertir en una fuente de resiliencia y sabiduría.

Antes de poder entrenar con Kathy Pike para aprender el arte del coaching con caballo, tuve que sustentar una entrevista con ella. Hacia el final de esta entrevista, Kathy me preguntó si había tenido traumas en mi vida. Yo con mucha seguridad le dije que no.

Mi respuesta fue negativa, por qué yo asociaba el trauma con experiencias extremas, como sobrevivir a un accidente, o haber sido víctima de todo tipo de violencia. Aun si he tenido experiencias fuertes a lo largo de mi existencia, no consideraba haber tenido ningún trauma en mi vida.

Lógicamente, me equivocaba y fue precisamente la interacción y la conexión con caballos que me ayudó a volverme consciente de que todos vivimos traumas que condicionan nuestra vida si no lo sanamos.

Reconocer nuestros traumas.

De hecho, recuerdo que fue mi primera interacción con un caballo, durante el entrenamiento con Kathy, que me hizo entender que en mi cuerpo se había grabado un trauma que yo, hasta aquel momento, no había concientizado.

Me encontré encerrado en un corral redondo, solo, con un caballo, que estaba pastoreando tranquilo. Era de color marrón oscuro, majestuoso, fuerte. Nunca antes en mi vida me había encontrado en una situación similar, cara a cara con un caballo. En mi cabeza resonaba la recomendación de Kathy, “Manténgate alejado del área de patadas del caballo”, lo que me puso a imaginar que podría pasar si el caballo me iba a golpear.

Tenía algo de miedo. Me sentía tan pequeño y frágil frente a un animal tan poderoso.

Por ende, me acercaba al caballo con mucha prudencia, con paso lento, casi con hesitación. “¿Cómo te sientes en este momento”, me preguntó desde afuera el corral Kathy. “Pequeño, inseguro, quizás hasta incapaz”, le respondí. “Tengo ganas de conectarme con el caballo, pero siento al mismo tiempo miedo”, confesé. 

Al final de la interacción con el caballo, me senté con Kathy para hablar con ella de mi experiencia. “¿Cuándo en tu vida te pasa de sentirte más pequeño de lo que eres?”.

Hice una pausa durante unos segundos. Nunca había considerado esta pregunta antes, pero poco a poco se me ocurrieron varios episodios donde yo me sentía más pequeño de lo que era; momentos en los que me encogía. Reconocí en aquel momento que esto era un mecanismo de defensa y de protección que se había vuelto un patrón inconsciente de mi comportamiento. También realicé que esto pasaba cuando percibía que alguien era más poderoso, fuerte, que tenía autoridad sobre mí. 

Conté todo eso a Kathy, quien me preguntó ulteriormente, “¿Y cuándo empezaste a desarrollar este patrón?”. La pregunta fue cómo un flash que ilumina la noche. De repente me acordé. Le dije a Kathy, “Claro, ahora recuerdo y ahora entiendo”. Y le conté de cómo durante la adolescencia fue psicológicamente abusado por parte de unos profesores del colegio privado donde estudié. Pero solo en aquel momento se me hizo claro que lo que había sufrido fue un abuso psicológico.

Víctima de acoso escolar.

Lo que pasaba, era que un par de profesores me persiguieron acosándome verbalmente; sin embargo, en algunas ocasiones también físicamente. Verbalmente, llegaron a insultarme, diciendo, por ejemplo, que cuando yo hablaba en las interrogaciones no hacía nada más que mover el aire, hacer ruido. Una vez, cuando contesté de manera errónea a una pregunta, el profesor de filosofía me tiró un libro.

En una oportunidad, se paró frente a mí (recuerdo que era muy alto), y mirándome a través de sus gafas espesas, con los labios húmedos, en silencio sacudía la cabeza, como decir, “no vales nada”. Así me hicieron sentir.

Fue así que mes, detrás, mes perdí la confianza en mí mismo, en mi inteligencia. Empecé a creer que no estaba hecho para estudiar, que no era lo suficiente, que mi vida no valía nada. Me deprimí, me encerré en mí mismo, y varias veces pensé en quitarme la vida.

Pero en ese entonces, yo no era consciente que estaba siendo víctima del acoso escolar por parte de profesores que para mí representaban la autoridad. Yo sentía culpa y sentía vergüenza por mi estupidez. Me sentía totalmente impotente, porque no importaba cuanto estudiaba, el resultado siempre era negativo. Mis papás no sabían exactamente lo que yo estaba viviendo. Yo estaba encerrado en un gran hermetismo y ellos solo veían que no iba bien en la escuela. Lo que, obviamente, no ayudó la relación con mis papás cuando era adolescente. Me sentía solo sin alguien que comprendía que me estaba pasando. Dentro de mí vivía el infierno.

Todo eso, solamente lo concienticé mientras estaba hablando con Kathy.

El propósito de un trauma

Se me abrieron los ojos en aquel momento y entendí que había vivido un trauma importante en mi adolescencia que había condicionado mi vida toda vez que, enfrentándome a alguien que consideraba una autoridad, me hacía más pequeño de lo que era.

Era mi reacción involuntaria y condicionada que tenía la intención positiva de protegerme para evitar que se repitiera la experiencia traumática que había vivido en mi adolescencia. Eso pasaba toda vez que tenía miedo a no ser lo suficiente, toda vez que me negaba a expresar todo mi potencial, mi esencia auténtica. Empezó aquel día un camino de sanación y de liberación importante.

También entendí aquel día que el trauma es un hecho omnipresente de la vida moderna de hoy. La gran mayoría de nosotros han sido traumatizados, no solamente los que han experimentado un accidente o han sido víctimas de la violencia.

Reconocer los síntomas de un trauma

De hecho, un fracaso profesional, una relación tóxica, una cirugía, un procedimiento dental, un nacimiento difícil, la muerte repentina de un ser amado, una vergüenza pública, hasta altos niveles de estrés pueden causar un trauma en nosotros.

Cuando procrastinamos, o cuando no tomamos las acciones que deberíamos tomar para lograr un objetivo. Cuando un miedo o una ansiedad nos bloquea, o tenemos dificultad en concentrarnos. Cuando nos retiramos y nos aislamos. Cuando nos sentimos tristes y sin esperanza. Cuando nos sentimos asombrados por un sentido de culpa, de vergüenza. Hasta cuando explotamos con rabia… 

Cuando tenemos dolor en alguna parte del cuerpo sin una causa precisa. Cuando experimentamos constipación, náusea, diarrea, agotamiento, dolor muscular o de cabeza... Todos estos pueden ser síntomas de un trauma que aún no hemos sanado y soltado. Por qué, como lo expresa el experto Peter Levine, los síntomas traumáticos provienen del residuo congelado de energía que aún no ha sido resuelta y descargada; este residuo queda atrapado en el sistema nervioso donde puede causar estragos en nuestro cuerpo y espíritu.

Sanar y trascender los traumas

Lo que yo he experimentado, y lo que experimentan mis clientes y miles de personas que trascienden sus traumas y finalmente pueden expresar todo su potencial, es que las mismas inmensas energías que crean los síntomas del trauma, cuando son movilizadas de manera apropiada, pueden transformar el trauma e impulsarnos hacia nuevos niveles de sanación, dominio, y hasta sabiduría.

Así ha sido para mí. No solo la herida de mi trauma se curó, sino que se convirtió en una fuente de conocimiento y de sabiduría. Hasta se convirtió en un propósito de vida, dado que hoy buena parte de mi tiempo, de mis conversaciones poderosas, de mis programas de coaching, ayudan a las personas a reconocer y sanar sus traumas y el niño interior herido que a veces llevamos dentro. Es un camino extraordinario de liberación y de crecimiento personal y espiritual, por qué permite finalmente dejar a un lado los miedos y las ansiedades, y ser creadores intencionales de la vida, realizando las aspiraciones más grandes y profundas. 

Algo traumático que nos pasó en el pasado no tiene por qué condicionar nuestro futuro. Por eso, un trauma puede ser una invitación extraordinaria, a trascender, a crecer, a vivir desde un propósito de vida superior y poderoso.

Normalizar la conversación sobre el trauma

No hablamos lo suficiente de traumas. Hay todavía demasiados tabús… pero pienso que es importante que empecemos a normalizar la conversación alrededor del trauma. Te invito a unirte a mí a esta conversación, que seguramente voy a promover desde mi podcast CreSer así como desde blog.

Te invito a escribirme tu experiencia, tus preguntas, y te invito a compartir este episodio para que amigos, amigas, colegas y familiares se puedan beneficiar de esta conversación y las próximas conversaciones.

Si quieres liberarte de un trauma, expresar tu Yo Auténtico en la vida y vivir tu propósito de vida, te invito a contactarme a mi WhatsApp.

Puedes escuchar el podcast en Spotify y Apple

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Aldo Civico, Ph.D es un antropólogo, autor y experto en desarrollo personal y de liderazgo. Es investigador asociado de la Columbia University en Nueva York, donde ha dado clases en la maestría de negociación y resolución de conflictos. En 2022, ha sido nombrado por Global Gurus en el Top 30 Global de los expertos en liderazgo. Aldo Civico es el único entrenador certificado para entrenar en la terapia psicosensorial Havening, que es una técnica revolucionaria para eliminar los efectos de traumas, estrés postraumático, fobias, y ansiedades. Si estás interesado en Havening contacta a Aldo Civico aquí

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